Lebanon

La guerra y sus consecuencias personales son vistas a través de la claustrofobia creada en un tanque y por sus cuatro ocupantes durante la guerra entre Israel y el Líbano en esta notable muestra de cine israelí. Su magnífico uso de los puntos de vista narrativos, la tensionada atmosfera que crea con gran habilidad así como el desarrollo de personajes que logra en tan estrecho marco temporal compensan con creces su previsibilidad y la reutilización de una idea ya empleada anteriormente con total éxito.

Durante la primera guerra entre el Líbano e Israel, un tanque israelita con cuatro jóvenes soldados es enviado a la zona de conflicto. A pesar de su inexperiencia en combate, se encuentran metidos en una violenta situación que son incapaces de contener y que degenera hora tras hora. En medio del caos intentan sobrevivir como pueden mientras la guerra continua, las órdenes dejan de llegar y quedan abandonados a su suerte.
Basándose en sus experiencias personales durante el conflicto, el director israelita Samuel Maoz construye una notable película sobre el drama que representa una guerra no únicamente para un país, los civiles sino también para los propios soldados que toman parte. En planteamiento, “Líbano” parece una pequeña imitación de “El submarino” (Das Boot) y es innegable la inspiración que la película alemana representa y la apropiación que hace Samuel Maoz del estilo y de la idea de Wolfang Petersen. Pero el director israelita hace suyo el claustrofóbico escenario y lo emplea con inteligencia y habilidad para construir una narración que siempre logra mantener la tensión y el interés a niveles muy altos, a pesar de estar siempre contenida dentro de un tanque. También emplea un interesante punto de vista, desplazándose entre la visión a través de la mirilla del tanque y los diferentes ocupantes del tanque, que en hora y media de conflicto bélico no únicamente logran ser personajes completos y con entidad sino que además tienen un notable desarrollo. “Líbano” consigue otra cosa difícil de alcanzar y es que atrapa al espectador y le mantiene absorbido a pesar de contar con una trama y un mensaje previsibles. Pero la película nunca pretende ser un thriller bélico como por ejemplo “Black Hawk Derribado”, intenta hacer sentir a quien la está viendo toda la intensidad, agobio y estrés que sufren los soldados y cómo el conflicto que viven les va resquebrajando su juventud y su normalidad iniciales.

“Líbano” consiguió merecidamente una gran ovación en el Festival de Venecia así como el León de Oro, gracias a una gran dirección con un magnífico pulso, una gran cinematografía, un guión que tiene algo que decir y unos actores que llevan todo el peso y la evolución de la historia de forma notable.


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